SAVOIR-FAIRE

La discreción del lujo suizo

La esencia del extraordinario savoir-faire suizo

El poder del lujo no solo radica en su esplendor, sino, además, en la particular alquimia que genera su búsqueda. Y es que la experiencia del lujo se basa en la transformación; la de siglos de savoir-faire en belleza tangible, la de materiales en objetos de un valor exquisito. Buscar el lujo es aspirar a una forma de trascendencia, es convertirse en lujo mediante el dominio de la propia artesanía o a través de una experiencia estética elevada. Es un compromiso que requiere que quienes lo asumen logren un delicado equilibrio entre las antiguas tradiciones y los cambiantes gustos contemporáneos.

Suiza, un escenario idílico para la excelencia

Las culturas han hecho suyo el lujo de numerosas formas, impregnándolo de sus valores y de los gustos del momento. El enfoque suizo se distingue por su discreción, alejándose de la ostentación típica de otros países europeos. Se podría decir que esta es su mayor virtud. El lujo suizo da testimonio de la arraigada tradición de artesanía y precisión que se ve reflejada en un amplio abanico de prestigiosos nombres, unidos todos por una infalible reputación en cuanto a su excelencia.

A pesar de los espectaculares contrastes que se manifiestan en los paisajes suizos, desde los serenos y cristalinos lagos, pasando por las frondosas y coloridas colinas, hasta las solitarias cumbres majestuosas, la estabilidad impregna los entornos sociales, políticos y económicos de Suiza. De la misma forma que la cultura puede conformar un lugar, casi se podría decir que el paisaje de Suiza ha modelado sus formas, anulando de forma natural cualquier atisbo de premura o arrogancia. A su vez, como si fuera algo innato, los suizos han heredado un cierto respeto por la calidad discreta y la atención al detalle. La fiabilidad resultante ha demostrado ser un campo fértil para perseguir objetivos superiores, quizás incluso más nobles. Sin conflictos que consuman sus recursos, Suiza es capaz de aprovechar su estabilidad, disfrutando de la atención y la seguridad necesarias para la perfección, y la transmisión, de su inconfundible savoir-faire. Por tanto, no es de extrañar que el “Swiss-made” esté ampliamente considerado como garantía, o incluso sinónimo, de una calidad y maestría excepcionales.

Relojería y joyería: la prueba de la sofisticación suiza

Hoy en día, las emblemáticas firmas suizas de relojería y joyería son buenos ejemplos de la tendencia suiza a la sofisticación. Puede que en otros lugares la búsqueda de la perfección esté motivada por la mera competición. Para los artesanos y artesanas de Suiza, es algo simplemente instintivo; es el resultado de una mentalidad y de una tradición, cuyos orígenes se remontan a mediados del siglo XVI.

En 1541, a raíz de la prohibición de lucir objetos decorativos, los orfebres y joyeros suizos encauzaron su talento hacia una forma de arte adyacente: la relojería. Para estos hábiles artesanos, los relojes, con su finalidad concreta y práctica, constituyeron una posibilidad autorizada de continuar perfeccionando su arte. Se enfrentaron al reto como si fuera su destino. Tan solo 20 años después, en 1601, fundaron el Gremio de Relojeros de Ginebra, la primera institución de este tipo en el mundo. La precisión minuciosa y mecánica inherente al arte de la relojería contribuyó a una cultura de disciplina infalible y de atención minuciosa al detalle que, casi 500 años más tarde, continúa siendo el sello distintivo de la artesanía suiza.

Hoy en día, la relojería suiza constituye un vivo ejemplo de unión entre belleza y utilidad. Gracias a toda su precisión mecánica, un reloj suizo también es un testimonio revelador de la artesanía que dio lugar a su origen: la fabricación de joyas. Es, al mismo tiempo, preciado y complejo, sofisticado y creativo, un emblema de la atención y la dedicación, una manifestación de la pasión. Su legado histórico, enraizado en el rechazo de piezas excesivamente ornamentales, se refleja a menudo en la discreción y sobriedad de los diseños, que ocultan la profunda sofisticación del mecanismo interno.

El país de la gran hospitalidad

La cultura suiza de la calidad, la diligencia y la atención al detalle se ha convertido en un distintivo nacional, que encuentra eco en la sociedad y las distintas profesiones. Por tanto, es natural que Suiza establezca el modelo mundial de hospitalidad, siendo su nivel de servicio un vivo ejemplo para los principales hoteleros de todo el mundo.

El virtuosismo suizo a la hora de crear experiencias de viaje de alto nivel está íntimamente ligado a la Belle Époque. Este periodo, verdadera época dorada en Europa, dio lugar a una nueva forma de viajar que pretendió magnificar el esplendor natural de Suiza vinculándolo con comodidades y servicios no conocidos hasta el momento. Pretendiendo convertirse en el mejor refugio para huir del estrés de la vida moderna, los grandes hoteles de estilo palaciego rápidamente demostraron ser tan fascinantes como la promesa de las inmaculadas pistas de esquí y las extraordinarias vistas de los Alpes para los adinerados viajeros. Pronto, Suiza se estableció como el principal campo de recreo europeo para la élite, las atractivas estrellas cinematográficas, los miembros de la realeza y los magnates industriales por igual.

El espíritu de la hospitalidad suiza converge, en muchos aspectos, con otras disciplinas suizas. Se caracteriza por un enfoque discreto y elaborado, fundamentado en una profunda atención al detalle. Se trata de una experiencia lujosa más de sentir que de escuchar. Un análisis más detallado revela el nivel de meticulosidad que se esconde detrás.

No obstante, este enfoque de hospitalidad exclusivo no se ha transmitido por azar. Así es como el detallado método suizo ha conseguido transmitir su elegancia y su sofisticación: un conjunto de escuelas hoteleras selectas apoyan la inmersión y la teoría aplicada. Hoy en día, Suiza recibe anualmente a miles de estudiantes de gestión hotelera de todo el mundo, que, sin excepción, aspiran a introducirse en la tradición suiza del rigor, la precisión, el servicio oportuno y la discreción: la norma de oro para una experiencia exquisita.

La visión suiza de la belleza

La Clinique La Prairie nació en las inmaculadas aguas del lago Lemán, en Suiza, con un único propósito: abrir nuevos caminos para el rejuvenecimiento. El Dr. Paul Niehans, un destacado licenciado por la Universidad de Zúrich, estaba convencido de encontrar la clave de la eterna juventud en la ciencia. Tras años de investigaciones, en 1931 desarrolló una revolucionaria terapia celular en la Clinique La Prairie, con sorprendentes resultados.

El origen de La Prairie es esencialmente suizo. La tranquilidad propia de Suiza, su quietud y la sinfonía de colores de sus cielos, montañas y lagos ha seducido e inspirado a generaciones de artistas. Creadora de la línea de cuidado de la piel más exclusiva, innovadora y ambiciosa del mundo, La Prairie encarna la verdadera naturaleza del lujo suizo: precisión, pureza y artesanía.